Una ola de incertidumbre recorre el norte de Veracruz tras confirmarse el retiro estratégico de la institución bancaria Santander en diversos puntos clave de la entidad. El anuncio, que se ha hecho visible mediante lonas colocadas en las fachadas de los inmuebles con la leyenda “Próximo cierre de sucursal”, marca un retroceso significativo en la inclusión financiera de la zona, afectando de manera directa a los municipios de Tihuatlán, Cerro Azul, Pueblo Viejo, Tampico Alto y Pánuco.
Esta decisión, sobre la cual el corporativo aún no ha emitido un comunicado oficial que explique las razones del repliegue, obliga a miles de cuentahabientes a enfrentar un panorama logístico complicado.
A partir del cese de operaciones, los usuarios se verán forzados a desplazarse hacia nodos urbanos como Tuxpan, Naranjos o la ciudad de Tampico, Tamaulipas, para realizar trámites que exigen presencialidad. Esta situación no solo implica una inversión adicional de tiempo, sino también un aumento en los costos de traslado que impacta desproporcionadamente a los habitantes de comunidades rurales y sectores vulnerables que dependen de estos servicios para el cobro de nóminas, remesas o apoyos sociales.
Aunque otras instituciones bancarias mantienen su presencia en algunos de estos municipios, la salida de Santander reduce drásticamente la competencia y la disponibilidad de cajeros automáticos, saturando potencialmente los servicios restantes.
Entre la población predomina una sensación de abandono institucional, pues consideran que la falta de infraestructura bancaria local frena el desarrollo económico regional y complica la vida cotidiana de quienes no están plenamente integrados a la banca digital. Por ahora, los clientes permanecen a la espera de instrucciones claras sobre el manejo de sus cuentas y la vigencia de los servicios en las sedes que aún permanecen abiertas.











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