Dicen que en Tuxpan, en un rincón donde la política respira entre susurros y cafés tibios, alguien intentó lo impensable, resucitar a un muerto. Sí, como sacado de una novela oscura, de esas donde los rayos caen justo cuando la criatura abre los ojos.
Dicen, y me lo contaron en los pasillos de presidencia, que este fin de semana hubo movimientos sigilosos allá por el Puente Tenechaco, exactamente en las instalaciones del PRI (aunque a muchos les sorprenda, aún existe).
Dicen que se reunieron los pocos que todavía no han soltado el viejo estandarte tricolor, con la intención de armar un rescate de emergencia, como quien conecta cables, aprieta tornillos y espera que el corazón vuelva a latir antes de las próximas elecciones, porque tiempo, dicen, todavía hay.
Dicen que dentro de esa reunión nombraron como Presidente Interino del Comité Directivo Municipal al doctor Lorenzo Gogeascoechea.
Dicen que como testigo de honor estuvo el ex alcalde Cerecedo, observando la escena como quien presencia un experimento político de alto riesgo.
Dicen que con esta acción el PRI intenta revivir, después del descalabro más fuerte que han tenido desde que perdieron el poder en México, una caída que no fue tropezón, fue desplome histórico, de esos que dejan al partido respirando con asistencia artificial.
Porque, dicen, no hay que olvidar que en la elección pasada el PRI todavía mostraba músculo, y no por estructura ni por estrategia, sino porque tenía de su lado a Mario Alberto Martínez Zapata, Secretario General del Sindicato de Empleados Municipales, lo que le daba poder, presencia y, sobre todo, oxígeno político.
Pero dicen que en el PRI estatal, lejos de recompensar a Mario por mantener vivo a un muerto cuando nadie más lo hacía, decidieron hacerlo a un lado en la hora de la repartición. Error de cálculo. Jugada fría. Y consecuencia inmediata.
Dicen que Mario, al sentirse desplazado, retiró el apoyo y el enchufe se desconectó. Y cuando se desconecta la energía en política, lo que sigue no es silencio… es abandono.
Dicen que en esa elección, Ana Luisa Pérez Díaz fue seleccionada como candidata a la alcaldía, convencida de que tendría el respaldo económico y político de Mario Alberto, pero al final tuvo que caminar como pudo, sin estructura sólida y sin el respaldo esperado, quedando en último lugar de la contienda. Un final anunciado, dicen algunos.
Dicen que tras la salida de Mario Alberto, Ana Luisa fue nombrada Presidenta interina del PRI, pero una vez terminada la campaña y viendo que el horizonte del partido parecía más oscuro que prometedor, decidió abandonar el barco.
Y ahora, dicen, el PRI pone en manos de Lorenzo Gogeascoechea el futuro del partido, convirtiéndolo, sin querer queriendo, en una especie de Doctor Frankenstein político, con la misión de revivir a un PRI que muchos ya dan por muerto, otros por congelado y unos cuantos por desaparecido.
La gran pregunta no es si lo van a intentar, porque eso ya ocurrió.
La pregunta es si la criatura caminará… o si apenas abrirá los ojos para volver a caer.
Aclaro… dicen.
EL SILENCIO QUE ASUSTA EN TAMIAHUA
Seguimos con el dicen y dicen que en política el ruido es señal de vida… y el silencio, presagio.
Y en Tamiahua, justo en plena pre campaña, lo que más se escucha no son consignas, ni discursos, ni grillas de café. No. Lo que domina es un silencio espeso, de esos que enfrían el ambiente político como si alguien hubiera bajado el interruptor general.
Dicen que algo raro pasa.
Porque donde antes había gritos, hoy hay mutismo.
Donde había pleitos entre colores, hoy hay miradas prudentes y bocas selladas.
Dicen que tanto en Morena como en el Partido Verde Ecologista están demasiado callados. Demasiado. Nadie habla, nadie susurra, nadie se atreve siquiera a filtrar una señal de guerra electoral, como si una orden superior hubiera caído desde Jalapa y, de un plumazo, hubiera impuesto la ley del silencio.
Y eso que hace no mucho, la militancia ardía.
Dicen que los morenos gritaban: “No vamos a ir juntos”.
Dicen que los verdes respondían: “Aquí somos verdes y no nos juntamos con morenos”.
Dicen que los dimes y diretes eran pan de cada día.
Pero de pronto… silencio.
Total.
Sospechoso.
Como si alguien hubiera agitado una varita política invisible y, en cuestión de horas, desaparecieron las diferencias, los reclamos, las inconformidades y hasta los discursos incendiarios. Hoy nadie pelea. Nadie contradice. Nadie cuestiona. Y eso, en política, no es calma… es suspenso.
Dicen que hoy Tamiahua respira en voz baja.
La laguna suena más que los partidos.
El agua murmura más que las estructuras.
Mientras tanto, en el Verde, Citlali Medellín sigue subiendo fotografías abrazada de su líder estatal Edgar Herrera Lendechy, acompañadas de mensajes de tranquilidad, de unidad, de que todo está bien.
Nadie se mueve. Nadie declara. Nadie se adelanta.
Solo Francisco Baldelamar rompió momentáneamente el mutismo con una conferencia de prensa donde habló de todo… aunque todos sabemos que su intención es ser el candidato de Morena. Aunque, también sabemos que para lograrlo tendría que ponerse vestido, porque la consigna ya está escrita, será candidata, mujer.
Y ahí es donde el suspenso se vuelve más filoso.
Dicen algunos que en Tamiahua las tribus están en calma, sí, pero no desarmadas.
La mano sigue sobre el hacha de guerra… enterrada, lista para desenterrarse en el momento preciso.
Pero hay quienes, en los rincones más venenosos del análisis político, ya empiezan a apostar otra teoría, que este silencio no es de espera… sino de acuerdo, para que una vez llegada la elección ir juntos, verdes y morenos del mismo brazo.
Vuelvo a aclarar… dicen… ¿O no Pachi?… NOS LEEMOS.
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